martes, 23 de julio de 2024

ELÍ MARTÍN, poeta peruano (1961-20019)

 




Extraído de la página de Antonio Miranda (aparecido en 2022)







MARTÍN, Elí.  Poemas como lienzos.   Carátula: Retrato de Elí Marín, por el pintor Elvis García Morán.Lima:  Universidad Inca Garcilaso de la Vega —  Fondo Editorial, 2003.   16 p.  1,5 x 21 cm.    Mammalia Comunicación & Cultura.        Ex. bibl. Antonio Miranda


Elí Martín Anchivilca Sánchez

( Lima 7 de mayo de 1961 – 20 de noviembre del 2001)
estudió Educación en la Universidad Sam Martin de Porres.
Formó parte del taller de poesía que César Toro Montalvo desarrolló en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega a mediados de los ochenta.
(…)
“La poesía de Elí Martin, es una lírica lúcida que va adquiendo sin lugar a dudas, los rasgos y valores propios, asume su papel expresivo con una modalidad introspectiva, orientada a reflejar la contemplación espiritual y los sentimientos del autor, con un alto sentido de responsabilidad y un singular cuidado para prefigurar una obra que impacta por su mesurada dosis de vehemencia lírica y por el ajustado equilibrio en el manejo del lenguaje. (LUIS HERMÁN RAMÍREZ)
*
“En Elí Martín su atinada combinación de poesía y plástica torna, a la suya, como una voz singular en la poesía peruana contemporánea” (WINSTON ORRILLO)

 

TEXTOS EN ESPAÑOL   -   TEXTOS EM PORTUGUÊS

 



METAFÍSICA DEL BODEGÓN

A: Miguel Breener

 

Exhalando eximias veladuras
como atmósfera extasiándose
la pera roja enerva el deseo
& la magenta col se abre hasta el paroxismo
desflorándose

El misterio enajena el transparente mantel
con apetecibles botellas lilas
& el cesto expele sus encantos
con extraviadas berenjenas
como fresas lujuriosas

Exóticas vasijas se esfuman
hasta alcanzar la luz
que penetra por el mágico
umbral oscurecido.


RITOS DEL MAR

              Para Fernando Szyszlo

Es en la sagrada noche
donde tu mar es sangre
La muerte en rosas
ondula sinfonías
Los ritos del mar
lubrican lo arcano
& Bataille desnudo
en sangre bañándose
El mar desierto
con el henchido corazón
& la oscura angustia del sueño
se torna innombrable.


EXTÁTICA DICHA

Jadeando la extática dicha
con fuego & agua vulnerando
el hermosísimo jade
Disfrutando sediento la cúspide
como hurgando plácidamente
olor saciable
de mi desesperación

Oscuros deleites
perfuman el dorado loto
despedazando mis entrañas
como ardientes pasiones
segregando ternura
como fragancias desvanecidas
jadeando la extática dicha.


PECINOSO CUERPO

Heme aquí
parda parca
te dejo por peccata minuta
e pecinoso cuerpo
otrora impenetrable como ostra
el grávido canto flato
la abrupción más aciaga
de esta aeda hedonista.


LENGUA DESTROZADA

No busques la forma de tu cuerpo
la lengua destrozada
frondosa en la lujuria
destella como blanco suprematismo

El gesto se desgarra
goteando los espacios
con pasiones siderales
arcanas en el tiempo

Extraños cromatismos
desbordan las pasiones
ocultas en el gesto
explosivos en silencios.

 

TEXTOS EM PORTUGUÊS
Tradução: ANTONIO MIRANDA

 

METAFÍSICA DA BODEGA

A: Miguel Breener

 

Exalando exímias veladuras
como atmosfera extasiando-se
a pera rubra enerva o desejo
& a magenta col se abre até o paroxismo
desflorando-se

O mistério aliena a transparente toalha de mesa
com apetecíveis garrafas lilases
& a cesta expele seus encantos
com extraviadas beringelas
como morangos luxuriosos

Exóticas vasilhas se esvaem
até alcançar a luz
que penetra pelo mágico
umbral escurecido.


RITOS DO MAR

              Para Fernando Szyszlo

É na sagrada noite
onde o teu mar é sangue
A morte em rosas
ondula sinfonias
Os ritos do mar
lubrificam  o arcano
& Bataille desnudo
em sangre banhando-se
O mar deserto
com o inchado coração
& e a escura angústia do sonho
se torna inominável.


EXTÁTICA FELICIDADE


Arfando a extática felicidade
com fogo & água vulnerando
o belíssimo jade
Desfrutando sedento a cúspide
como vasculhando placidamente
odor saciável
de meu desespero

Obscuros deleites
perfumam o dourado lótus
despedaçando minhas entranhas
como ardentes paixões
segregando ternura
como fragrâncias dissipadas
ofegando a estática felicidade.


FERVENTE CORPO

Eis-me aqui
parda parca
te deixo por peccata minuta
e fervente corpo

Antes  impenetrável  como ostra
o grávido canto flatulento
a ruptura mais azíaga
deste aedo hedonista.


LÍNGUA DESTROÇADA


Não busques a forma de teu cuerpo
a língua destroçada
frondosa na luxúria
brilha como branco suprematismo

O gesto se desgarra
gotejando os espaços
com paixões siderais
arcanas no tempo

Estranhos cromatismos
desbordam as paixões
ocultas no gesto
explosivos em silêncio.

 

*

 

VEJA e LEIA outros poetas do PERÚ em nosso Portal:

http://www.antoniomiranda.com.br/Iberoamerica/peru/peru.html

 

Página publicada em janeiro de 2022


jueves, 18 de abril de 2024

Nostalgias y lamentos: epígonos argentinos de Jorge Manrique

 Fuente:

Nostalgias y lamentos: epígonos argentinos de Jorge Manrique, por Fernando Sorrentino (letralia.com)





 domingo 14 de abril de 2024
“¿Dónde estarán aquellos que pasaron, / dejando a la epopeya un episodio, / una fábula al tiempo, y que sin odio, / lucro o pasión de amor se acuchillaron?”, escribió Jorge Luis Borges en el poema “El tango”.

Las admirables Coplas por la muerte de su padre (1476), de Jorge Manrique (1440-1479), constan de cuarenta estrofas. Los primeros seis versos de la decimosexta suelen citarse como paradigma del tópico literario denominado ubi sunt (“¿Dónde están?”), consistente en evocar con nostalgia hechos o personas del pasado que han dejado de existir:

¿Qué se hizo el rey don Juan?1
Los infantes de Aragón
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención
que trujeron?

El final de la estrofa siguiente recuerda el brillo y la gracia que se imponían en aquella corte:

¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas2
que traían?

Hasta aquí Manrique en el siglo XV y en España.

Sin embargo, no resulta difícil advertir manifestaciones del ubi sunt en algunas composiciones de las letras argentinas. Doy por sentado que ha de haber muchísimas, pero las que ahora acuden a mi memoria son las siguientes.

 

José Hernández (1834-1886)

En El gaucho Martín Fierro (1872):

Yo he conocido esta tierra
en que el paisano vivía
y su ranchito tenía
y sus hijos y mujer…
Era una delicia el ver
cómo pasaba sus días (II:133-138).

A partir de esta sextina y hasta el verso 252 se extiende la melancólica descripción de la vida feliz que llevaban los gauchos en aquella época (que, según creo, es la del gobierno de Rosas):

Venia3 la carne con cuero,
la sabrosa carbonada,
mazamorra bien pisada,
los pasteles y el güen vino…
Pero ha querido el destino
que todo aquello acabara (II:247-252).

En la segunda estrofa del canto III ratifica lo expuesto largamente en el canto anterior:

Sosegao vivia4 en mi rancho
como el pájaro en su nido;
allí mis hijos queridos
iban creciendo a mi lao… (III:295-298).

Y termina con la reflexión que define exactamente la esencia del ubi sunt:

Sólo queda al desgraciao
lamentar el bien perdido (III:299-300).

 

Olegario Víctor Andrade (1839-1882)

En el agradable romance “La vuelta al hogar” verifica que, por fortuna, nada ha cambiado en su antiguo hogar. Es un ubi sunt al revés: celebra que no se hayan producido cambios:

Todo está como era entonces:
la casa, la calle, el río,
los árboles con sus hojas
y las ramas con sus nidos.

Tras este promisorio comienzo se extiende una profusa y detallada descripción del lugar, hasta que el poeta lamenta, bastante lóbrego, la pérdida de su juventud:

Hoy vuelve el niño, hecho hombre,
no ya contento y tranquilo,
con arrugas en la frente
y el cabello emblanquecido.

Concluye exponiendo el contraste entre la noble perduración de su antiguo hogar,

¡Ah!, todo está como entonces,

y las modificaciones, de índole tremendista, experimentadas en su persona:

Sólo el niño se ha vuelto hombre,
¡y el hombre tanto ha sufrido,
que apenas trae en el alma
la soledad del vacío!

 

Rafael Obligado (1851-1920)

Mucho más diestro y rico en calidad poética que Andrade, no se privó Obligado de expresar algunos lamentos sobre lo borrado por el paso de los años.

Así, en “Las quintas de mi tiempo” (1885) empieza con una comparación doliente (“¡ay, dolor!”) sobre el presente y el pasado:

Éstos, Fabio, ¡ay, dolor!, que ves ahora,5
jardines sabiamente dibujados,
fueron un tiempo rústicos cercados
de enhiesta pita y suculenta mora.

Y aquellas que allí ves altas mansiones
de mil primores llenas, antes fueron
modestas granjas donde en paz latieron
más nobles y sencillos corazones.

Y, a mitad del camino del poema, incluye esta nostalgia:

¡Oh, campestres paseos! ¡Oh, manjares
jamás llorados cual se debe ahora!
¡Oh, sencillez antigua y bienhechora,
salud un tiempo de los patrios lares!

Veamos ahora algunos casos en el siglo XX.

 

Jorge Luis Borges (1899-1986)

Su poema “El tango” (1958) empieza con la fórmula clásica del ubi sunt (“¿Dónde estarán?”):

¿Dónde estarán?, pregunta la elegía
de quienes ya no son, como si hubiera
una región en que el Ayer pudiera
ser el Hoy, el Aún y el Todavía.

¿Dónde estará (repito) el malevaje
que fundó en polvorientos callejones
de tierra o en perdidas poblaciones
la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron,
dejando a la epopeya un episodio,
una fábula al tiempo, y que sin odio,
lucro o pasión de amor se acuchillaron?

Tales preguntas obtienen la exacta respuesta:

Aunque la daga hostil o esa otra daga,
el tiempo, los perdieron en el fango,
hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
muerte, esos muertos viven en el tango.

 

Letristas de tangos

No los míticos cuchilleros de Borges, pero sí algunos letristas han convocado, acaso sin saberlo, a los manes del ubi sunt en más de un tango con remembranzas. He aquí tres, prácticamente coetáneos, que presento en orden cronológico.

 

1

La muy bella melodía que compusieron Pedro Maffia y Pedro Laurenz para la letra de “Amurado” (1926), de José De Grandis (1888-1932), ubicó a ese tango, desde siempre, en la categoría de mis predilectos, a pesar de ciertas incoherencias de sus versos.

Los hechos:

Campaneo a mi catrera y la encuentro desolada.
Sólo tengo de recuerdo el cuadrito que está ahí,
pilchas viejas, unas flores y mi alma atormentada…
Eso es todo lo que queda desde que se fue de aquí.6

Lo cierto es que la dama “arregló su bagayito y amurado” lo dejó, abandonando para siempre el compartido “bulincito”: tal la pérdida que ha de ser llorada.

En las quejas hay, al menos, un razonamiento extraño, pues, psicosomático, parece adjudicar a la tristeza el origen de sus canas:

¡Si me viera! ¡Estoy tan viejo!
¡Tengo blanca la cabeza!
¿Será acaso la tristeza
de mi negra soledad?

Y, más adelante, la conciencia del lúgubre presente al recordar el pasado venturoso:

Si me faltan sus caricias, sus consuelos, sus ternuras,
¿qué me quedará a mis años, si mi vida está en su amor?
¡Cuántas noches voy vagando, angustiado, silencioso,
recordando mi pasado, con mi amiga la ilusión…!

 

2

El frecuentemente hiperbólico y apocalíptico Enrique Santos Discépolo (1901-1951), en su tango (letra y música) “Esta noche me emborracho” (1928), empieza por describir, con pluma entre trágica y satírica, el actual estado de una mujer:

Sola, fané, descangallada,
[…]
flaca, dos cuartas de cogote,
y una percha en el escote
bajo la nuez;
chueca, vestida de pebeta,
teñida y coqueteando
su desnudez…
¡Parecía un gallo desplumao,
mostrando al compadrear
el cuero picoteao!

Tras tan esperpéntico retrato, adviene una ristra de lamentos, de la que sólo reproduciré el primero, contundente síntesis de su estado de ánimo:

¡Y pensar que hace diez años
fue mi locura!

 

3

El tango “Uno y uno” (1929) tiene música de Julio Pollero. La letra pertenece a Lorenzo Juan Traverso (1897-1952), quien optó por los reproches de un ubi sunt burlesco.

Se dirige a un sujeto innominado, que deducimos otrora “triunfador”, describiendo su calamitoso estado actual:

Se te dio vuelta la taba;
hoy andás hecho un andrajo.
Has descendido tan bajo
que ni bolilla te dan.

A continuación vienen veinticuatro versos netamente ubisuntianos, que sirven para describir algunos de los ostentosos rasgos que, en épocas anteriores, adornaban al personaje. Me limito a reproducir los primeros ocho:

¿Qué quedó de aquel jailefe
que, en el juego del amor,
decía siempre: “Mucha efe
me tengo pa’ tallador”?
¿Dónde están aquellos brillos
y de vento aquel pacoy,
que diqueabas, poligrillo,
con las minas del convoy?

Me ha resultado especialmente graciosa la evocación del individuo en el acto de ufanarse, ante las chicas del conventillo, mediante la exhibición de anillos y dinero. No es sólo por este hallazgo que “Uno y uno” integra la nómina de mis tangos favoritos.7

sábado, 30 de julio de 2022

¿Falta ficción en la narrativa actual?

 extraído de : serescritor.com

 por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz

 el 26-07-2022


Yo soy aquel que en la invención excede
a muchos; y al que falta en esta parte,
es fuerza que su fama falta quede.

 (Viaje al Parnaso. Cap IV. Cervantes)


Gracias a Cercas hemos sido conscientes de nuestro punto ciego en lo que a lo literario se refiere. Esto que ahora nos resulta tan claro llevaba tiempo rondándonos la cabeza, pero no podíamos ponerle nombre; nos referimos a la falta de fabulación o de ficción en la narrativa. La confluencia de varias casualidades nos ha llevado a esa conclusión.

Todo comenzó a tener sentido con la lectura de Centroeuropa de Vicente Luis Mora. Esta novela nos abrió los ojos igual que lo hizo su protagonista, Redo, cuando después de llegar a la Prusia del XIX, tras un largo viaje, descubre bajo tierra a un Varón, prusiano, soldado húsar y congelado. Solo con este arranque de la novela ya nos sumergimos en una narración profundamente ficticia. Esta afirmación puede sonar redundante, pero es el asunto que nos trae aquí. Aunque por el título y ese inicio pueda parecer una novela histórica, en cuanto nos sumergimos en ella descubrimos que si utiliza ciertos elementos reales de un pasado histórico, es solo con la intención de crear un interesante marco que le posibilite fabular.

Posteriormente vinieron más lecturas y, después de muchas de ellas, siempre terminábamos con la sensación de que eran demasiado “reales” y no aportaban esa otra mirada que se espera de las obras literarias. Esto se unió a este par de anécdotas que vamos contar y que nos ayudaron a encajar todas las piezas.

La primera es una afirmación de una persona que asistió a una de nuestras tertulias literarias: “Yo solo leo este tipo de novelas, de ciencia ficción, porque las demás no me aportan nada nuevo”. Después de darle vueltas al asunto, entendimos que lo que en realidad estaba diciendo era que el resto de novelas no incluían un grado de ficción suficiente para tunear los temas mundanos, es decir reales —esta conversación ya tiene un tiempo y también la ciencia ficción ha cambiado mucho; ahí está, si no, Ted Chiang para demostrarlo—. Falta de novedad era lo que reclamaba esta lectora para las novelas.

Y la segunda es la defensa que una alumna de uno de nuestros talleres de escritura hizo cuando le afeamos la falta de verosimilitud en un texto suyo: “Pero… si ocurrió así”. Claro, sin embargo no se daba cuenta de que el formato en el que estaba intentando meter esa anécdota era un relato, por tanto tenía que regirse por sus normas, que son distintas de las de la realidad; es decir, debía procurar un tratamiento estilístico de lo real.

Con este tema en la cabeza, nos pusimos a indagar y descubrimos La huida de la imaginación. Un interesante y atrevido ensayo de Vicente Luis Mora que pone en el punto de mira a esa literatura que valora el hecho real por encima de la imaginación y que domina el actual panorama literario. La última vez que leímos algo tan directo y con tanta intención era del filólogo y profesor Víctor Moreno en su libro Preferiría no leer. Nos imaginamos a Mora como un Quijote luchando contra unos molinos que, en lugar de gigantes, son novelas que preconizan la autoexhibición. Ahora queda por ver si el ensayo es producto de un loco atrevido o de un cuerdo romántico, pero lo que está claro es que aporta mucha documentación, buenos argumentos y coherencia para mostrar su punto de vista de forma diáfana.

Biografías noveladas, autobiografías presentadas como novelas que rompen el pacto con el lector están a la orden del día, lo que nos lleva a preguntarnos si realmente interesan tanto las vidas y los problemas de familia o de salud de determinados autores y cómo los gestionan. Y la prueba más evidente es el tema de la pandemia ¿Os habéis dado cuenta el juego que ha dado? En la feria del libro de Fráncfort del año pasado pudimos comprobar que autoras como Margaret Atwood y Jodi Picoult aportaron su granito de arena con sendas obras; Atwood, con la obra colectiva: Fourteen days: an unauthorised gathering y Picoult, con el libro con el que intentó dar un sentido al horrible año 2020: Wish you were here. Esta autora afirmó que «los artistas deben hallar un sentido a las cosas que no entendemos, y una pandemia mundial es una de ellas». De acuerdo, pero ¿qué hacemos con una de las primeras reglas de la escritura según la cual para contar algo que te ha marcado hay que poner distancia de por medio y que pase el tiempo, porque en caliente es difícil trascender la imagen propia?

Volver a la fabulación

Analicemos ahora qué significa escribir ficción, fabular. La primera acepción del DRAE es: Imaginar cosas fabulosas como si fueran reales. La segunda: Inventar o imaginar tramas o argumentos. En cualquier caso, utilizar la imaginación.

Antes del Romanticismo, y mirado desde una perspectiva clásica, lo de fabular no estaba muy bien visto porque el resultado ofrecía dramas repletos de situaciones inverosímiles o incluso absurdas que servían para hacer olvidar al público sus miserias. Entonces no se concebía una obra con el único fin de divertir al público sin más ni más, tenía que poseer una “enseñanza o moralina”. Sin embargo, con la llegada del siglo XIX la situación cambia ya que surge la novela realista, cuyo objetivo es —en palabras de Sthendal— ser un espejo que se pasee delante de un camino, es decir mostrar la realidad histórico-social del momento. Esto no significaba que no hubiera invención sino que la realidad se transformaba en ficción.

Una de las funciones más importantes de la Literatura es la poética o estética. El autor utiliza medios expresivos para lograr una belleza y un estilo propio en la escritura. Con esto lo que consigue es ofrecer una nueva visión de la realidad. El mecanismo, más o menos, es el siguiente: las palabras nos remiten a una realidad extralingüística que el hábil autor va convirtiendo en imágenes evocadoras → estas consiguen que ese referente ordinario quede atrás → el resultado es dar vida a un nuevo referente metafórico, por tanto literario y por tanto de significado único. Esta y no otra es la forma de convertir en literario un texto.

Si no se utiliza la imaginación…

Podemos caer en una serie de errores que jugarán en contra de nuestra propia obra; dos de los más graves son estos:

—Crear personajes estereotipados. Se parecen demasiado a los seres reales que se mueven en el entorno narrativo del autor y por tanto del lector. El estereotipo es la imagen que tenemos de un determinado personaje en un ámbito concreto y con una serie de características que forman el tópico. Esto que, en un principio, facilita el trabajo del autor —no se tiene que molestar mucho en desarrollar un perfil psicológico— daña cualquier texto de ficción. Para dar vida a un nuevo ser, hay que crear personajes arquetípicos, es decir que actúen como cualquier persona “real” pero que se distingan por romper el cliché o el modelo, darles cierta singularidad que les haga diferentes, peculiares. De esta forma, el lector se sentirá sorprendido y si lo hacemos muy bien, fascinado.

—Esquematismo estilístico. Se tiende hacia un esquematismo narrativo que recuerda mucho al del periodismo. El autor tiene esto en la cabeza: como el lector sabe que lo que le están contando es verdad, solo necesita que el texto le verifique el núcleo argumental. Echando mano de un símil, el autor con su obra sería como una especie de amplificador que emite una noticia que ha corrido de boca en boca y ha ido agrandándose debido a todas las variaciones que los distintos fabuladores y espontáneos de lo oral han ejercido en su difusión del sucedido. Y se pone manos a la obra, sin darse cuenta de que si la misma noticia tuviera además un tratamiento literario, lo podría aprovechar para responder en el relato a todas las posibles cuestiones que la imaginación lectora pudiera buscar.

Con una adecuada estructura interna, la intervención de la ficción y la memoria interpretativa del autor, que pondría en perspectiva el tema, se lograría que los hechos llegaran al lector tamizados. Mediante la observación atenta, la indagación e interpretación se conseguiría una progresión dramática de los hechos que resultaría eficaz para satisfacer a un lector ansioso de rellenar los huecos que la noticia en sí misma no aporta. Habría que dilatar la relación de detalles generando una escena tras otra, en orden sucesivo, con el fin de ir acumulando los datos; la descripción y el diálogo serían básicos en la composición de escenas; la creación de atmósferas aportaría suspense, misterio, al relato y la descripción de los personajes iría en función de la progresión dramática de la historia.

Un ejemplo de obra literaria basada en un hecho real es Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez mezcló crónica periodística con algunos de los elementos de la novela policial y del realismo mágico. Utilizó un narrador mezcla de periodista y testigo de los hechos, con lo que consiguió aportar dos tipos de datos: los extraídos de los informes y entrevistas a los involucrados y los de su propia cosecha y que pudo testimoniar —rompe así con los límites realidad/ficción, crónica/testimonio—. Trascendió lo real hablando de responsabilidad colectiva, de sociedades que prejuzgan y de la cultura del honor y la venganza, y lo que consiguió es restablecer unos cuantos valores sociales. El resultado lo hemos disfrutado todos los lectores: una gran novela donde los hechos reales fueron convertidos en ficción, con tal poder, que suplantaron a la realidad.

Otros errores, que no vamos a desarrollar porque nos extenderíamos en exceso, podrían ser el decaimiento narrativo, la falta de ambición literaria y carencia de interés lingüístico y estilístico…

La falta de ficción tiene arreglo

Es curioso cómo hacia 2010, ante la incipiente aparición de una literatura basada en hechos reales, comenzaron a surgir en la prensa abundantes artículos de opinión criticando la imaginación en las obras y dando preferencia a aquellas que reflejaran la experiencia directa. Es cierto que actualmente las librerías están llenas de libros que tratan temas como el maltrato a la mujer, las pandemias, el abuso cometido con menores, la diversidad sexual, las enfermedades terminales…; son obras realistas que muestran a las claras quiénes son los malos y quiénes los buenos, y que reflejan nuestra sociedad como en un espejo. Bajo la estructura narrativa de presentación, nudo y desenlace, muestran el estado de cosas de nuestra moral colectiva. Este punto de vista de este tipo de narrativa pone el acento en el aspecto humano de lo vivido, y esto es quizá lo que atrae a los lectores.

Hoy en día, diez años más tarde, aquí estamos nosotros rescatando a la imaginación. La ley del péndulo aparece una vez más. Lo que les falta a bastantes de las obras anteriormente citadas es el tratamiento literario, que es el que aporta el valor de arte. Este fomenta las reacciones emocionales en las personas que disfrutan de él, a la vez que favorece el desarrollo de la imaginación y por tanto la capacidad de reflexión, de comunicación y la creatividad.

En resumen, si queremos que una obra de ficción obtenga su valor artístico hay que universalizar o, dicho de otro modo, impersonalizar un sentimiento o una emoción que fueron primero propiedad del autor. Esos datos testimoniales o históricos quedarían así liberados para dar el aspecto de un producto nuevo, con rigor cultural y artístico. Ya sabemos que no es tan fácil hacer esto, entre otras cosas porque hay que lidiar con la verosimilitud y esta, amigos, exige un plus al escritor.

Por si todavía hubiera alguna duda, rematamos este tema con las palabras de Vicente Luis Mora quien aporta la solución definitiva al problema: “La falta de invención puede y debe compensarse con una acerada tensión estilística y con una visión de la realidad afilada y más dirigida al entendimiento de la situación social que a una desmayada exposición de las aburridas circunstancias personales”.

domingo, 27 de marzo de 2022

La poesía no escribe en vano


Escribe Rolando Gabrielli

 

 

Estamos en el siglo XXI, hombre, la era del Metaverso, que es otro verso, uno desconocido a todos los demás versos, casi invisible, otra realidad, paralela a la que conoces. Autorretrato (1935), por M. C. Escher

Me siguen preguntando por qué, para qué, cómo se te ocurre escribir poesía en estos tiempos. Hacen estas preguntas inclusive quienes se dicen mis amigos. Cómo llegaste a este oficio. Qué te llevó a esta situación, creer en las palabras, darles uno y más sentidos, escribirlas verticalmente y exponerlas a una libre interpretación de quien las lea. No dicen la palabra iluso porque quizás la consideren demasiado poética y no tienen la intención de alabar la poesía por ningún motivo, ni siquiera por equivocación.

Es cierto, ya casi nadie lee poesía, ni se hace crítica en las revistas especializadas, estudiantes de literatura suelen interesarse por el presente, autores que interpretan su mundo. Los clásicos pertenecen a los museos, a no ser que verdaderamente tengas pasión por la literatura. Borges, no estaba ciego, decía que para escribir poesía había que sentir pasión y placer. Dos poetas antagónicos, Borges y Nicanor Parra, coinciden que poesía es vida y me sumo a esa definición. La palabra y el lector adecuado son indispensables para que la poesía cobre vida, dijo en su momento en Harvard el autor de El Aleph, en un puñado de conferencias improvisadas en la magia inocultable de sus sencillas y profundas palabras.

 

Sé que he tenido malos ejemplos, nacer en un país de poetas, creer en las palabras, levantar una piedra del litoral chileno y ver surgir un poeta.

Esa oscura palabra

Contra esa marea, atmósfera enrarecida, “ese terrorismo contra la poesía”, mantengo un blog y colecciono algunos generosos lectores que tampoco se dan por vencidos. Sé que he tenido malos ejemplos, nacer en un país de poetas, creer en las palabras, levantar una piedra del litoral chileno y ver surgir un poeta, a Jorge Teillier vivir la poesía cada minuto de su existencia, despedirme de la casa de Enrique Lihn porque entraba a un cuarto a escribir poesía, ver a Nicanor Parra en un banco de la universidad construir sus artefactos de manera obsesiva, a Gonzalo Millán sobre una larga mesa olfateando las palabras como un sabueso en un aeropuerto, saber que Borges, ciego, escribía la poesía que soñaba, ver los chispeantes ojos del Chico Molina cuando hablaba de su último poema en la Sociedad de Escritores de Chile, haber nacido con el mito de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Huidobro, saber que Armando Uribe Arce no salió más de su departamento escribiendo poesía cada día hasta el final de sus días, Efraín Barquero, entregar su último libro a los noventa años antes de partir, conocer la historia de Pablo de Rokha, visitando pueblo por pueblo para vender sus libros de monumental tamaño y lenguaje polvorín… en fin, a tantos que escribieron poesía en las cárceles, en un viaje en un barco, en la servilleta de un bar, en un cuarto oscuro, aquellos que persistieron una y otra vez, a los que no dejan aún de soñar en el poema perfecto. Al final de todos los caminos, Oliver Welden no colgó los guantes, me dijo, siempre hay una despedida, pero me había confirmado la vigencia de sus sueños en el oculto reino de las palabras que nos reveló. No fue una despedida, sino un reencuentro, su magnífica Oscura palabra.

¿Por qué olvidar a Baudelaire, poeta iniciático? Sólo es suficiente con mencionarlo, averigua tú, ¡hipócrita-lector-mi prójimo-mi hermano!

 

¿Poesía en 3D?

Estamos en el siglo XXI, hombre, la era del Metaverso, que es otro verso, uno desconocido a todos los demás versos, casi invisible, otra realidad, paralela a la que conoces, el espacio dentro del espacio en 3D donde podrás jugar a la realidad virtual con amigos, socios, comprar propiedades, hacer negocios, divertirte en grande y convertirte en ese avatar que alguna vez soñaste ser, la representación gráfica de tu identidad. Puedes correr riesgos de depredadores y manadas de violadores, como ya ha estado ocurriendo, pero son gajes del mundo virtual y no existen actividades, donde participen los seres humanos, exentas de riesgos. Pienso cómo serán las playas virtuales, los bosques, la húmeda atmósfera de los cuerpos en una multitud, sentir las piernas al rodar de una bicicleta, ascender una montaña, pescar un pez en un río, quitarle el anzuelo, encender una fogata frente a un lago, jugar al corre el anillo y sentir las manos tibias de una enamorada en una noche del sur en plenas vacaciones de verano. Cómo será contemplar un mar de estrellas una noche en Atacama, ver correr a tu hijo, tomar la mano de un recién nacido. Oh, Metaverso, ¿el verso final de la inteligencia artificial?

Personalmente, sueño con estar una mañana en Angelmó con una mariscada sureña frente al mar, donde el fin del mundo es una realidad, que el paisaje y el aire marino no mienten. Todo sigue siempre estando un poco más allá, donde los dos grandes océanos chocan y hacen silencio en las grandes aguas.

La poesía casi no tiene tiempo, en la antigüedad se respiraba al aire libre, en las cortes, las tribus tenían su propio lenguaje con las estrellas, los animales, la naturaleza, la vida, en Grecia se llenaban los teatros de lírica con sus coros maravillosos, el mester de juglaría reina en el Medioevo. Neftalí Reyes Basoalto, el poeta provinciano del sur de Chile, se adentró en la conciencia nacional con el verso: el verso cae al alma como el pasto al rocío. La poesía está en todas partes, no hay muro, frontera, límite, poder, decreto, ley, que pueda abolirla del universo de la belleza y los sentidos del hombre.

 

Cuántos poetas se han suicidado o muerto por defender sus ideas.

Imaginar el mundo en una hoja de papel

No es un estilo nuevo, tiene miles de años en la antigua Grecia, el viejo imperio romano, Persia, Egipto, en las tribus de todas partes donde hablaban, adoraban el sol, las estrellas, la tierra, el fuego, las montañas… Pero tú persistes, amigo, en ignorar / que el poema es una pequeña luz / en la gran oscuridad de la humanidad. / Si la palabra se extingue / nos apagaremos como la última puesta de sol / en la soledad del mundo, / diluidos en el mar o detrás de las montañas, / abismos, espejismos de nosotros mismos / vagarán reflejos sin cuerpo, ni espíritu / una llama extinguida en el fuego de la belleza.

La poesía es un vicio mayor, puede comenzar como un juego de adolescentes, responder al entusiasmo de los sentidos, de juntar palabras, expresar lo inexpresable, aquello que no se puede decir de otra manera, lo inefable para algunos, pero la poesía es tan flexible como el ballet de las palabras, aunque los poemas contienen toda la belleza y los abismos inimaginables, como la simpleza de las cosas cotidianas. (En un cuarto / imaginar el mundo en una hoja de papel / la soledad de un otoño perdiendo la juventud / los pasos de la amada atravesando la mañana / tantas cosas que el poema dice y no dirá).

Gonzalo Millán dijo en una de sus últimas entrevistas que no sabría qué habría hecho si no hubiese escrito poesía, algunos pensaron que podrían haber sido ladrones si no les hubiera contaminado el oficio de la poesía. Villon enfrentó la horca. Cuántos poetas se han suicidado o muerto por defender sus ideas, algunos como Lihn envidiaron a Rimbaud su no a este ejercicio, masturbación desconsolada, porque abandonaron, pero él murió escribiendo lúcida y valientemente su Diario de muerte. El francés guardó silencio por todos nosotros a los diecinueve años. A Lihn le llamaba la atención que Neruda hubiese “cedido” la vanguardia de la poesía a Parra. Quizás Neruda ya había pulsado todas las teclas que consideraba necesarias. No aprobaba que un poeta se desviara de su oficio, recuerdo esto con relación a Roque Dalton, quien incursionó en la guerrilla salvadoreña. Pero ignoraba que Dalton seguía escribiendo en la clandestinidad y se editaron libros con sus diversos seudónimos.

 

Cuando la jaula se vuela

Pienso en Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Alfonsina Storni. “La jaula se había vuelto pájaro / y se ha volado / y mi corazón está loco / porque aúlla a la muerte”, dijo Alejandra. En el extraordinario poeta escocés Dylan Thomas, su desafío con la vida terminó en el bar White Horse en Nueva York. En los mesones de esa taberna, diría Teillier, gastó sus codos, como él en los bares de Santiago y Lautaro. En aquellos que alucinaron con las drogas y nos dejaron también sus visiones, demonios, pasiones, historias, palabras únicas, el dolor y compromiso, un verdadero Aullido (Ginsberg).

A muchos el oficio les llevó a la pobreza, al olvido, pero no lo abandonaron, persistieron hasta sus últimos días como náufragos de sí mismos en sus ruinosas vidas y palabras, y me pregunto: ¿cómo no homenajearlos si respiraron la palabra por sobre todas las cosas, sin condiciones, algunos hasta la asfixia? No escribieron en vano.

 

De viaje en el Metaverso, uno de estos días

I

Despierto una mañana absolutamente digital,
para enfrentar un día más digital que nunca,
con todos mis cinco sentidos digitales.
Todo está contenido aparentemente en la nube y en el Internet de las cosas,
yo mismo inmerso digitalmente me apresto a incorporarme
a mi equipo digital, afino mis herramientas digitales,
ingreso a un zoom como un buzo en el mar digital
y con mi balón de oxígeno como un pez digital,
recorro caras, escucho ideas, pautas, señales, gestos,
instrucciones, tareas, imágenes (no hay palabras escritas),
sólo novedades que abren aparentemente inéditos caminos,
inimaginables rutas digitales para una vida nueva,
habito Internet, en una palabra la red me absorbe,
como una piscina sin agua, digitalmente.

 

II

Sé que los de antes ya no somos los mismos
y cuando realmente viajemos sin tiempo ni límites,
como pájaros digitales en el paraíso del Metaverso,
habremos alcanzado no sólo la gloria, porque es efímera,
circunstancial, pasajera, algo pasada de moda,
sino plantado nuestras propias banderas, semillas, estacas
del ilusionismo contemporáneo jamás soñado
en territorios conocidos de la fantasía humana,
realmente nos reinventaremos, como flores en el desierto
en nuestras propias inalcanzables utopías digitales,
espacios donde la imaginación comienza a dudar de su existencia
y la soledad pasa a ser una adjetivación involuntaria de la gramática,
sólo urdimbre de nuestro deseo, sin palabras.
Qué silencio absoluto nos aporta el más allá,
¿somos esa piedra en el despeñadero
que arroja nuestra infancia al vacío?
El futuro nunca echó más raíces
que en este presente perpetuo
con vista al infinito y más allá,
que transforma en un simple juego
el porvenir y sus nuevos horizontes.

 

III

No te vayas a bajar de este carrusel sin pista,
veremos por fin puestas de sol nocturnas,
te convencerás de que no existe la realidad,
Metaverso es el verso de cada día,
el juego de perdernos en la infancia,
el espacio donde sólo existe espacio,
un laberinto para cada cosa que la imaginación
construye en el vicio inimaginable
de lo virtual.

 

IV

Crearemos un mundo a la perfección, tú y yo, volveremos
a ser Adán y Eva, le llamaremos Paraíso del Metaverso,
nadie nos expulsará de este jardín digital, diseñado a imagen
y semejanza de la realidad virtual,
un viaje donde la realidad estará prohibida y los ángeles
hipotecarán sus alas, ingresarán como guardianes
del más allá sobrevolando nuestros sueños virtuales,
y sólo existirá un cielo para los habitantes de Limbo City.
Nada ni todo será igual, sólo un espacio para la imaginación,
lugares virtuales, amigos virtuales, hogares virtuales,
señales, sólo señales, un cielo verdaderamente virtual
a la derecha del Padre, oh Metaverso,
perdónalos, no saben lo que hacen.

 

V

Anoche soñé que hacía un viaje en el Metaverso
alrededor de Alicia en el País de las Maravillas,
me guiaba la poderosa mano invisible del mercado,
el dedo índice digital sobre los labios digitales
me cubría el rostro de silencio en señal de sorpresa,
cerrar los ojos y caer en un abismo donde el espacio
se multiplica a sí mismo con su semilla infinita
y la imaginación pareciera no tener fin
como una partera del infinito multiplica
espejos de horizontes ciegos, inasibles, alucinantes.

 

VI

Amor, recurro a tu memoria de este bello mundo
que no encuentra su lugar y se evapora como tu silencio,
de corazón a corazón, pregunto, musa: ¿tú eres mi hipervínculo?
Dirás, viajamos a la velocidad de un clic
en una nube gaseosa están todas mis respuestas,
erráticas son las noches, los desiertos, el mar,
las montañas, todas las huellas que no dejan huellas,
en la nieve blanca se dibuja una sombra perfecta del alma
de las cosas que no se ven, ni se tocan.
En una rosa o en una palabra, la realidad podría
convertirse en piedra.

 

VII

No soy un oráculo de las almas perdidas,
sólo viajo en el Metaverso.

 

Las palabras debieran ser

Las palabras debieran ser un misterio,
lo que no se puede o tiene que decir,
sólo ver y volver a pensar,
como si no estuviera escrito.
Apostar más bien a la curiosidad del lector,
su complicidad con lo que el poema
le invita a interpretar sólo a él,
tomar las palabras como propias,
pero no confiarse del todo en ellas,
saber que en lo no dicho puede estar
su verdadero secreto y poder.

 

El poema nace disléxico

El poema nace disléxico,
es un trabalenguas la lengua,
se escribe, reescribe, tartamudea,
muerde el polvo,
signos, sólo signos,
silencios conmovedores,
dicen lo inexplicable,
toda la mudez de los sonidos
y la infancia se refunda finalmente,
en las palabras.

 

La oveja sin rebaño

¿Somos el rebaño o la oveja descarriada
que pasta sus nuevos sueños en abismos,
acantilados ignorados, pobres roqueríos?
En verdad, no sabemos hacia dónde
nos conducen esas piedras y soledades,
y pareciera que no queremos saberlo.
Oh, época virtual, ¿qué ficcionas,
qué es real o conviertes en realidad?
Nunca lo nuevo quizás fue más nuevo,
innovador, disruptivo, engañoso.
Te asombras de tus propias trampas,
hombrecito, a quién engañas,
si perdidos estamos en esta inmensa pradera,
pistas de aire y fuego, ¿es este el juego
de la nueva realidad que anuncian
los clarines y las trompetas?
En verdad no sabemos,
me tomo distraído un café,
siento su aroma, el aroma de tu piel,
la máquina que lo sirve no me convence,
ni bajo esta hermosa puesta de sol,
que deja sin habla el silencio
que construimos alguna vez los dos.
La Tierra comienza a gustarme.

 

Remoto

Remoto,
lo más lejano posible,
no busques, no hables,
distante.
Viajas entonces sin regreso
a la primera palabra,
donde no se sabe
nada con precisión.
Sólo huellas, señales.

 

A nadie cuentes

A nadie cuentes
tus secretos,
es un privilegio
del silencio
estar solo.

 

Estado ausente de la poesía nacional

Zurita no me lee,
Manuel Silva no me lee,
Óscar Hahn no me lee.
(Van tres Premios Nacionales
vivos)
Pepe Cuevas no me lee
(Es un aspirante serio
al Premio Nacional)
Un par de poetas deben estar
en la lista de las nominadas,
en la antesala del deseo, diría Freud.
No me leen ni me conocen.
La caldera viene pujando desde abajo
con su propio hervor y gas,
la aguja da vueltas, gira enloquecida,
no parará hasta dar en el blanco
o explotar sin dejar huella,
más que el ruido, sonar de palabras
huecas, desconfiadas, muertas.
Oliver Welden
no aspiró a ningún galardón
ni volvió a su Chile natal.
Para mi cumpleaños, traducía
al inglés unos breves poemas
que encontraba en mi blog.
Lihn, Teillier y Millán,
todos merecieron el Premio Nacional
y sé que me leyeron.
Parra leía con desesperación,
devoción y picardía a Neruda.
Los poetas hoy no se leen,
se miran de reojo,
yo los plagio a todos.
Por ahí deben andar algunos poemas
huérfanos de lectores desconocidos,
autores noveles, recién aparecidos,
malditos iluminados escribiéndoles
aún a las estrellas,
esperando alguna iluminación
del cielo o del infierno.

 

Oficio

Y usted qué hace,
le preguntó el hombre
al poeta:
ver cómo el matapiojos
no se enreda en sus alas
y la alegría del vuelo
de la mariposa
no borra el color
de sus alas.
El poeta no tiene alas,
camina por las calles
viendo cada una de las cosas.


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